Una vida entre andamios

La restauración del patrimonio cultural

Pedro Salmerón | Protocolos | 26-09-2017

Cuando la sociedad reconoce como patrimonio histórico aquellos elementos materiales o inmateriales que la singularizan, estos pasan a adquirir una nueva condición convirtiéndose en una herencia cultural insustituible. Surge entonces la necesidad de cuidarla, velando por su proyección en el tiempo o atendiendo, en el caso de los bienes muebles e inmuebles, sus patologías y alteraciones para restituir su esplendor material perdido y devolverles su autenticidad.

Partiendo de la existencia de actitudes contrapuestas, conservadoras o irrespetuosas hacia dichos bienes a lo largo del tiempo, y dejando a un lado sus cualidades formales; puede afirmarse que su vocación de permanencia está presente, generalmente de manera preventiva y sutil, en la forma de trabajar de los artífices desde épocas remotas. No obstante, será a raíz de la Revolución Industrial cuando aparezca en escena una nueva consideración de los objetos del pasado como herencia irreemplazable y, en consecuencia, la gestación durante el siglo XIX de una práctica específica, desempeñada por profesionales especializados, consagrada a velar por su supervivencia en el tiempo. De esta forma, la intervención del pa­trimonio inmueble se va desgranando como una actividad volcada sobre los edificios antiguos que produce posicionamientos, controversias y distintas metodologías aplicadas para su recuperación.

Actualmente, la conservación y la restauración requieren la realización de estudios previos  para adquirir los conocimien­tos científicos y técnicos necesarios para plantear diagnósticos precisos y soluciones adecuadas desde los proyectos. Es decir, ya no basta con la fina observación y el sentido común, sino que se precisa la colaboración de distintas disciplinas para alcanzar, de manera más integral y avanzada, los fines perseguidos. Tanto es así, que cualquier propuesta metodológica actual requiere la imbricación de las cien­cias naturales y culturales, así como la interdisciplinariedad como característica intrínseca de progreso.

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